De la juventud, la lluvia y el cambio.

9 05 2008

Creo que las memorias de una persona son importantes debido a que permiten invariablemente el análisis detenido de muchas de sus acciones. También creo que publicarlas es un acto de mucha valentía. El jueves cuando estaba en el Instituto de Investigaciones Jurídicas esperaba por los libros que pedí cuando dí por casualidad con las Memorias del maestro Burgoa, un ícono del mundo jurídico. Creo que a pesar de ser apenas dos páginas las que leí, éstas me dejaron muchas cosas, entre ellas la noción de juventud.

Para este personaje, la juventud no se mide de acuerdo a qué tanto se ha arrugado tu piel, cuántos años has visto morir y nacer ni mucho menos. Se trata muy por el contrario de una juventud en cuanto al espíritu, a la búsqueda de renovar ideales, de cultivar el intelecto. Se es joven en medida de la intensidad que vivimos un ideal, la intensidad con la que se realiza una búsqueda personal para dar sentido a lo que llamamos nuestra vida. ¿Cuántos no seremos viejos con pocos años delante de nuestros ojos? ¿Cuántos no dejan esa afición por los libros, o peor aún, nunca la conocen? ¿Cuántos son viejos con una mente cerrada cuyo único objetivo es lo ocioso? No lo sé, a mi me gusta pensar que el hecho de que curso una carrera, de que leo, de que busco historias es en beneficio mío y de mi alma mellada.

Últimamente son días lluviosos, de una lluvia con mucha fuerza que hace que los árboles resientan el frío y también mi piel. Y no solo ellas, también los recuerdos las resienten. Es curioso, cómo caminar bajo la lluvia de la mano de alguien sea tan bellamente concebido por la mente sin embargo, el caminar solo bajo la misma sea tan crudo. Creo que eso pasa siempre que se mira un fenómeno desde afuera. De momento la transición a una forma de ver las relaciones con otras reglas me cuesta mucho trabajo, pero creo que es en beneficio mío, por segunda vez, este cambio. Yo ya no creo mucho en la predestinación universal de “tu otra mitad” como muchos cuentos me han contado, aunque, siempre es más cómodo creer que las cosas caerán por su propio peso, por su naturaleza, sin mayor esfuerzo de nuestra parte. Y no quiero creer que todavía existen cosas que de nacimiento se adquieren y así de simple. Pensar en habilidades adquiridas y no de rasgos heredados.

De la lluvia, como cuando cae lentamente y poco a poco cambia el color de la tierra, creo que son las acciones que conllevan a la creación de nuevas cosas. Tal vez a primeras instancias nuestras acciones, difusas y alejadas constituyan manchas irreconocibles, pero, a medida que caen nuevas gotas, configuran una imagen, y otra hasta crear una verdadera visión del mundo. Una visión personal del mundo.


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