Personalmente creo que el día a día recurre a nuestra mente muy modificado. Los días cansinos y las amarguras pasadas, no por dejar de ser cansadas ni amargas, pierden poco a poco la nitidez en cuanto a la calidad de la emoción. Incluso el odio, el amor, la amistad, todo tiende a perder el brillo o la intensidad. O al menos es lo que he llegado a concluir a mis 18 años de edad.
Hoy he iniciado como cualquier otro día. Levantándome, metiéndome a bañar, buscando algo que ponerme y en fin, intentando salir adelante. Ayer llegaba a profundas conclusiones con Alitas acerca de la carrera que tan pobremente he abordado “Es como un escudo, y dime, si ese escudo tiene una abertura ¿Qué te pasará?”
Demasiado gráfico.
Una división tajante en cuanto a lo que se es y lo que se debe hacer. Una división entre sentimientos y escuela. Creo que he admitido por centésima vez que me he vuelto débil y que tengo miedo. Sin embargo, el no puede enseñarme un “Cómo ser fuerte en 20 minutos diarios” Como esperaría de cualquier otro. Un otro inexistente.
El camión ha sido aburrido. Con el dolor de cabeza provocado por no haber dormido bien, logrando llegar a la parada del próximo camión que me llevará a la facultad. Es aquí donde comienzo a pensar acerca de las mujeres. Las hay de todos tipos y de muy distintas costumbres. ¿Nunca te has preguntado por qué hay algunas que incluso a sabiendas de que se les transparenta íntegramente la ropa interior, usan blusas transparentes? Llegando a conclusiones que nadie pidió; creo que es precisamente el hecho de saber que alguien que te está mirando. También hay aquellas que pierden el respeto al suelo con tacones que más que elevarlas y darles presencia las hace parecer payasos. Otras, quienes llorando pasan de un lado a otro la calle.
¿Llorando?
No es que esté muy familiarizado con el llanto. Quiero alejarme de el, quiero borrarlo. Porque bien el llanto es lo que provoca profundas heridas en el alma, o mejor dicho, es la manifestación de las heridas del alma, pero no en todos los casos. Millán, en primer semestre me dijo que le causaba risa ver a las personas llorar. He concluido que Millán tiene un punto de vista muy frío y utilitario en cierto sentido. No deja de ser buen amigo y una compañía agradable, pero creo, muchas veces no sabe el dolor que causan sus palabras, o incluso, lo hace sabiendo el poder de esas palabras. En fin, vi a una mujer llorar y lo único que pude hacer fue hacerme a un lado para que pasara. Tampoco es que pudiera hacer mucho, no es muy bueno que un extraño con audífonos gigantes se acerque a ti y te pregunte “¿Estás bien?” Cuando es bien lógico que no es así, y a resumidas cuentas, no haría nada ni podría cambiar nada. ¿Millán era el utilitario verdad?
La primera sorpresa del día. Pasé le primer parcial de T. de C. con 6. Y no pasé el examen. ¿Curioso, crudo, real y justo? Sí y no. Creo que merecía reprobar, pero al menos, puedo decir que aún tengo posibilidades de aprobar el curso con una calificación más o menos respetable.
Me irrita el nerdo que nos da clase. Hablando en jerga de la profesión como si de verdad hiciera gracia con sus chistes baratos. Vendiendo su materia como lo más profundo y grande que existe. Cuando dijo la estupidez de “Y no como la albañilería de esta materia” Estoy seguro que la Vaquita con tantas décadas encima le hubiera puesto unos buenos vergazos, pero en fin.
Saltándonos horas y horas de sucesos rutinarios llegamos al punto que quiero tocar en esta hoja. Mi metida de pata, con el Mampo y Jacqueline. La verdad tengo una boca muy grande y la -útil- habilidad de decir verdades incómodas en el lugar menos inesperado, verdades que nadie pidió. Lo explico; Mampo es un compañero/soon-to-be-amigo que el miércoles pasado parecía tener un romance con Jacque. Y ella estaba interesada. Todo iba perfecto, salvo el preludio a la clase de esta tarde. El profe no llegó, sin embargo, Jacque estaba con otro chico, no sé si “coqueteando” sea el término adecuado. Más bien, hacía visible el interés por otro hombre que, originariamente, no era mi s-t-b-a y bueno, lo mejor que pude decir fue “Mampo, te están bajando al pollo” Y bueno, ahí no fue la metida de pata. Jacqueline esperó un buen rato, mandó mensaje para que se fueran juntos y el Mampo se negó. Somos tres bajando las escaleras hablando de la nefasta relación de mi amigo con una persona que no sé bien si vale tanto la pena, pero que nunca me ha hecho ningún tipo de grosería ni manera incómoda conmigo.
Pasamos el pasillo de “El Mercadito” y llego a conclusiones a voz alta en el lugar menos indicado “Entonces, el pedo de esta vieja es que te quiere dar celos y tu no los demuestras, mejor dicho, tu no tienes celos” Y justo, al lado, ella y una amiga suya comprando algo. Que buena metida de pata. Y si faltara poco, mi estupidez llega a un nivel insospechado al decir “La cagué” a varios pasos.
Soy un entrometido, amarranavajas y, remitiéndonos a las pruebas, mal amigo. Como lo diría Millán “Y luego por qué los dejan”
No debí. Pero lo hice. Metí la pata y ya no sé cómo sacarla. Siento que últimamente meto demasiado la pata y quiero hacer algo al respecto. A plantearnos la siguiente pregunta durante el sueño venidero ¿Cómo?